A pocos pasos de allí, sentado en la sala de espera de la oficina de Trujillo estaba Aníbal Suárez, un empleado de La firma esperando recibir órdenes, Trujillo se tomaba su tiempo para definir qué cosa haría su personal durante las 12 horas de labor que le había impuesto por jornada; con salarios de hambre y sobre explotación laboral.
Corría el año 1930, los conservadores estaban en el poder y abusaban de trabajadores sin derechos, y sin sindicatos que los representaran, aunque se notaba alguna iniciativa de los socialistas en algunos sectores industriales que comenzaban a pelear por sus derechos laborales.
Dígale a ese Suárez que pase,menciono José al secretario que andaba de aquí para allá en la oficina tratando de complacer los caprichos del multimillonario.
Y sáqueme toda la gente de la oficina, las órdenes que tengo que darle no quiero que los demás las escuchen afirmó José y se cumplió estrictamente; la oficina quedó a solas, el terrateniente multimillonario y el capataz de una de sus estancias más grandes del Sur.
Sientese Aníbal, menciono el terrateniente, gusta de un toscano, son importados.
No gracias don José, vengo preocupado,a la estancia días pasados se apersonaron dos paisanos que dicen ser socialistas, y me pidieron hablar con el personal, pa cuestiones de salario y otras cosas.
Y usted que hizo, me imagino que los echo a latigazos.
No don José, estos son Anarquistas y
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